Mali, nuestra espinita clavada

Abril 2018

Demasiado poco podemos contaros de Mali, muy, muy a nuestro pesar.
Teníamos unas ganas locas de conocer este país, de recorrerlo entero. Es una pena que la situación que en él se vive en estos momentos sea tan tremendamente mala. El norte del país está impracticable después de varios atentados por la zona de Mopti hace pocos días y en Bamako hará un par de meses. Se desaconseja visitar el País Dogon y está prohibido llegar hasta Tombuctú. Verdaderamente triste.
Cruzamos la frontera con Mauritania por Gogui llevando con nosotros el visado que nos hicimos en Nuakchot. Creíamos que eso nos facilitaría las cosas, pero nada más lejos de la realidad :). Ya en el primer puesto de policía intentaron cobrarnos una tasa por haber llegado en domingo. Tasa que se sacaron de la chistera y que, lógicamente, peleamos hasta evitar pagarla ¡menudos somos! A cansinos creemos que no nos gana nadie y finalmente nos dejaron pasar por el aburrimiento de ver que no iban a rascar nada.

A todo esto, un dato importante: nuestro viejito LandCruiser se venía quejando desde Mauritania por un problema en la dirección. Más bien un problemón. Vamos, que la dirección estaba rota. En el último tramo de Mauritania no pudimos repararlo así que nuestra esperanza era llegar a Bamako y allí llevarlo al mecánico.
Pues bien, sin perder de vista este hecho, que nos preocupaba bastante, tuvimos que recorrer los 500 km de socavones y baches hasta la capital sin apenas hacer paradas e intentar evitar, de esta manera, que se nos hiciera de noche por el camino.
Nos deteníamos únicamente en los controles policiales y aprovechábamos para echarle aceite al coche ya que la dirección iba francamente dura.
Recordamos el trayecto con un poco de tristeza. Nos estaba encantando todo lo que veíamos a nuestro alrededor, nos apetecía ir despacio para poder disfrutarlo, meternos por alguna pista y perdernos hasta llegar a alguna aldea, charlar con la gente o simplemente sentarnos relajados a comer en algún chiringuito.
Debido a la prisa que llevábamos, nada de eso fue posible, así que nos quedamos con las ganas. Dichosa prisa…Justo de ella huíamos, en cierta forma, desde que empezamos el viaje, así que podéis intuir nuestro estado de ánimo…


Llegamos a Bamako tarde, muy tarde y muy de noche. El sobreesfuerzo de conducir un tramo tan largo y pesado nos había dejado hechos polvo.
Nos habían aconsejado dormir en el hotel Sleeping Camel, así que ni siquiera buscamos otra opción. Cuando entramos por la puerta, destrozados, y nos vieron las caras, claramente entendieron que necesitábamos una cerveza bien fría.
El hotel es un remanso de paz en medio de la jungla. Está atrincherado en la zona de las embajadas, repleta de militares y vigilantes armados, paseantes de la ONU o excombatientes americanos que desactivan bombas en el norte del país (…). Algunos de ellos se reúnen en el hotel para beber cerveza, o acabar con el whisky, entre misión y misión; y otros, mayoritariamente overlanders, van a petar a este lugar en busca de un poco de descanso y buena comida.
Nosotros tuvimos la suerte de coincidir con un concierto privado del gran Vieux Farka Touré, una eminencia tocando la guitarra y súper conocido en el país. Fue una noche muy divertida, con africanos arrancándose a bailar y a darlo todo al ritmo de la música.
A todo esto, que no os lo hemos explicado, a la mañana siguiente de llegar dejamos el coche en el taller mecánico de un conocido y, casi sin darnos cuenta, ya nos estaban llamando para avisarnos que lo habían arreglado.
Recogimos el coche y, el día siguiente del concierto, decidimos tirar millas en dirección a Costa de Marfil, donde nos esperaba un conocido (ya amigo del todo) de Valencia, apasionado del lugar, para compartir algunos días con nosotros y recorrer juntos el país. Así que, sintiéndolo en el alma, era hora de despedirnos de Mali.
Mali es un país increíble. Es África negra pura, con sus pequeñas aldeas y su gente amable y sonriente; su sabana con Baobabs, el ganado pastando a sus anchas, el río Níger dándole vida, las mujeres conjuntadas de arriba abajo, la explosión de color en sus calles, la fruta… Todo, todo vale la pena del país.
Ojalá se arregle la situación cuanto antes, ojalá dejen a los malienses en paz, que puedan vivir tranquilos y sin temor. Ojalá podamos volver a visitarlo para sentir Mali desde bien adentro.
Sin duda alguna, nuestra espinita clavada.

Rift Valley Expeditions.

 

 

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