Nigeria, la dureza


Nigeria fue bestia. Uno de esos viajes incómodos, sucios y duros, alimentándonos a base de pan mojado en café con leche en polvo y bolas de pan fritas rellenas de huevo duro y durmiendo en antros de mala muerte llenos de cucarachas. Curiosamente, todo hay que decirlo, es uno de los países que recordamos con más añoranza.
No fue fácil ponernos de acuerdo en cuanto al tiempo que íbamos a invertir en el país. De hecho, este tema nos costó más de una discusión. Uno quería cruzarlo lo más rápido posible y el otro no valoraba la opción de perderse las tribus del norte a pesar de que, ciertamente, el país no atravesaba su mejor momento.
Ya de por sí Nigeria da un poco de cague. Bueno, al menos para nosotros era uno de esos destinos que nos tiraba bastante para atrás, pero Shuaib, nuestro amigo nigeriano que nos acompañó esos días, nos demostró que sólo cuando pisas sus tierras e interactúas con sus gentes te das cuenta de que esa fama no le hace justicia.

Cruzamos desde Benín sin darnos cuenta. Había una barrera en medio de una pista fangosa que separaba los dos países, y, de repente, distraídos con todo el jaleo que había alrededor, caímos en la cuenta de que la bandera que ondeaba era de distinto color. ¡Entrada por todo lo alto!
Sabíamos que la cosa empezaba a ponerse interesante cuando ya en la parte Nigeriana, el policía que nos tenía que poner el sello de entrada al país, se despidió de nosotros tendiéndonos la mano y preguntándonos si teníamos algo para él. Nuestro cerebro actuó rápido en ese momento, cogimos los pasaportes, le chocamos la mano fuerte y nos dimos la vuelta. Así, con un par. Pudimos ver por el rabillo del ojo las caras de corte que se les quedaron al vernos marchar sin darles ni un duro. Las risas que nos pegamos todavía nos duran!
Pero, según lo previsto, el camino hacia nuestro primer alojamiento no fue fácil. 20 controles policiales en una misma carretera y en todos ellos los agentes queriendo pillar tajada. En todos.
Ya lo hemos comentado en alguna otra ocasión, en este viaje hemos desarrollado una paciencia y una mano izquierda asombrosas y sobretodo las hemos tenido que aplicar ante este tipo de situaciones a pesar de que lo que nos pedía el cuerpo era mandarlos a todos a tomar viento…. Era muy, muy estresante, una lucha continua. Al final se cansaban y nos dejaban ir, pero porque jugábamos con la ventaja de no tener prisa. Si no es así, pringas. Y acabas cediendo. Y acabas pagando.


Cuando finalmente llegamos a Abeokuta era ya por la tarde y en pleno Ramadán. Eso se traducía en gente y más gente por la calle. A oscuras, porque no había ni una puñetera farola que alumbrara, nos fuimos a buscar algo de comer. No tenemos ni idea de lo que ese chico cocinaba en una vieja parrilla andrajosa al lado de la carretera, pero nos pareció la mejor opción. Sabrosa carne (digamos de pavo) salpimentada, envuelta en papel de periódico y sujetada por un par de palillos… ¡Riquísimo!
Caminando a oscuras, la gente se nos acercaba para saludarnos y darnos la mano; oíamos “Blancos, bienvenidos” por todos lados. Pero lo que más nos impactó fue presenciar como un par de niños, que no habían visto antes a un blanco, rompieron a llorar al vernos. Las madres eran un poco malignas, porque nos los ponían bien cerca para poder ver su reacción y, cuando llegaba el berrinche, se meaban de la risa. Una vez se les pasaba el llanto ya podíamos jugar con ellos, pero el momento previo nos dio un poco de cosa.
A la mañana siguiente tuvimos que ir a la capital a gestionar el visado de Camerún.
No hay suficientes adjetivos para describir el caos de esa ciudad. Un embotellamiento inmenso que bloqueaba el puente de entrada de la ciudad nos dejó observar el enorme contraste de la sociedad nigeriana. En realidad de la mayoría de países africanos.
Los rascacielos impolutos y ostentosos se codeaban con chabolas flotantes con techos de chapa del barrio de Makoko. Ridículo.

This is Lagos

Entrando en coche a Lagos, Nigeria

Makoko, chabolas flotantes en Lagos, Nigeria

Chabolas en Lagos, Nigeria


Tardaron un rato pero al final conseguimos el visado para Camerún. Nos costó muchísimo sacar dinero de los cajeros para poder pagarlo. Nigeria tiene un enorme ratio de estafa por ATM cuadrado, así que cortaron el grifo para que los ladrones no pudieran salirse con la suya tan fácilmente. No es una mala decisión, pero podéis imaginaros las colas que se formaban cada vez que teníamos que sacar dinero. Y más en fin de semana, que todos quieren billetes frescos para pagarse las cervezas en el bar.
Una vez hecha la gestión del visado, nos fuimos pitando de esa ciudad loca. Ahora sí que, por fin, nos dirigíamos a ver las tribus del norte…

Categorías:aprender viajando, aventura, África, descubrir, Nigeria, Rift Valley Expeditions, roadtrip, TransAfrica, viajar por africaEtiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

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